Análisis realizado por Carlos Malamud

Lugares comunes latinoamericanos: Los inmigrantes llegaban masivamente sin visas ni restricciones

 
 

Ojos de Papel
Madrid, 1 de julio de 2008


"...En realidad, resulta bastante absurdo pedir que las políticas migratorias no sean contradictorias o discriminatorias, cuando toda política migratoria que se precie y que resulte aprobada en cualquier país del mundo termina siendo, por la propia naturaleza de la norma, hipócrita, discriminatoria, contradictoria y no inclusiva." (Ojos de Papel)

No es el objetivo de este escrito discutir la más que polémica directiva europea sobre la inmigración ilegal y las circunstancias para la expulsión de inmigrantes. Vaya por delante mi condena a cualquier norma migratoria o a cualquier intento de controlar los movimientos de personas en el mundo.

En Europa misma hay posiciones contradictorias al respecto, desde la afirmación del presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, que afirma que la medida es “un avance progresista”, hasta las condenas sin paliativos de los verdes. En América Latina el tono de las protestas varió de acuerdo a la naturaleza del emisor y las más furibundas provinieron de aquellos mandatarios populistas nacionalistas, como Hugo Chávez, Evo Morales o Rafael Correa. Otros mandatarios, casos de Alan García o Lula da Silva, también manifestaron abiertamente su discrepancia con la normativa, pero desde una perspectiva más moderada.

...Si bien no provocan sorpresa los embates y las duras críticas contra la directiva europea, si resultan cuanto menos llamativas las apelaciones a la ética, a la coherencia o las acusaciones de hipocresía. En realidad, resulta bastante absurdo pedir que las políticas migratorias no sean contradictorias o discriminatorias, cuando toda política migratoria que se precie y que resulte aprobada en cualquier país del mundo termina siendo, por la propia naturaleza de la norma, hipócrita, discriminatoria, contradictoria y no inclusiva. Toda pretensión de legislar lo que no se puede legislar, lo que es imposible de legislar, como es la movilidad de los seres humanos, lleva forzosamente a cometer injusticias y contradicciones de todo tipo. Recuérdese aquello de la inutilidad de poner puertas al campo.

...En el caso que nos ocupa habría que preguntarse, en primer lugar, por las restricciones migratorias existentes en los países de América Latina que reciben flujos migratorios de sus vecinos y las condiciones en que son tratados. Igualmente, valdría la pena recordar los numerosos testimonios sobre las condiciones de vida de muchos inmigrantes europeos, que si bien no eran sometidos a la explotación colonial o semicolonial, que diría Fidel Castro, si eran sometidos a duras y crueles condiciones de trabajo por sus patrones locales. Los países que comenzaron recibiendo a las migraciones masivas europeas en la segunda mitad del siglo XIX, como Argentina, Uruguay o Brasil habían abierto sus puertas, sí, pero únicamente a los europeos y si eran del norte, es decir, blancos y rubios, tanto mejor...

También se podría recordar, por aquello que señaló Evo Morales, que los europeos siempre fueron bienvenidos en América Latina y que siempre llegaron “sin visas y sin condiciones impuestas por las autoridades”, algunos pocos contraejemplos. La ley 4.144 de Argentina, también llamada “de residencia”, aprobada en 1902, permitía la expulsión de extranjeros sin juicio previo y sin ningún tipo de control judicial y legislativo. Como ha señalado Fernando Devoto esta norma también facultaba al gobierno a impedir el desembarco de personas contrarias al ordenamiento social o al sistema de gobierno. ...Esta norma, como otras similares, fue aplicada contra militantes obreros, entre los que había “terroristas” anarquistas, pero también socialistas y comunistas que vieron negada su entrada en muchos países de la región. Después de la crisis de 1929, los países receptores de lo que se conoció como las migraciones europeas masivas, que por cierto no llegaron a Bolivia, aplicaron políticas sumamente restrictivas a la inmigración, que afectaron, por ejemplo, a los refugiados republicanos españoles o a los judíos que huían del nazismo alemán.  

En esta disputa está claro que es más fácil ver la paja en el ojo ajeno que la viga en el propio. De alguna manera esto está en consonancia con la tendencia revisionista últimamente en boga en América Latina que pretende presentarnos un mundo absolutamente feliz e idílico antes de 1492. Así venimos a descubrir que el racismo no existía en las culturas originarias y que en lo que hoy es América vivía otra clase de hombres, que no guerreaban, no se conquistaban los unos a los otros y no explotaban a sus vecinos.

El ministro de Exteriores de Bolivia, David Choquehuanca, se manifestó en esta línea y señaló que las lenguas de los llamados pueblos originarios no tienen siquiera una palabra que defina al racismo, una idea, un sentimiento, que sólo llegó con los conquistadores el 12 de octubre de 1492. Como consecuencia de ello "Nosotros no somos racistas, la palabra raza no existe en nuestra cultura, no existe en las lenguas originarias". En la misma línea Felipe Quispe afirmó que: “He investigado la palabra raza en quechua, guaraní, aymara y otras lenguas y no existe, eso quiere decir que no existió, no hubo raza, y quien la trajo fue Colón. Desde ese momento nos ven como inferiores y desde ahí existe el racismo”. ...Como se ve, el razonamiento es similar al utilizado en la disputa migratoria, donde la incivilizada e insolidaria Europa, tras explotar a los inmigrantes, se dedica a expulsarlos sin más.

(Extracto de análisis publicado en Ojos de Papel

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