EL ANÁLISIS

Las lecciones del referendo revocatorio

 

Infolatam
La Paz, 21 de agosto 2008


(Especial para Infolatam).-

".... Dos clases de contradicciones sociales se superponen en Bolivia: la clasista (pobres contra ricos) y la regional (autonomistas versus centralistas). Como la primera es más fuerte que la segunda, el Gobierno ocupa mejores posiciones electorales y políticas.

Pero puesto que la segunda posee una auténtica raigambre popular, el Gobierno no puede avanzar más allá de cierto punto en su proyecto de centralización de las decisiones y de la riqueza nacional (que tiene el objetivo final de desarrollar el país en torno al Estado). Tal es el "empate" boliviano. Y por eso dijimos hace poco que la democracia plebiscitaria, de cara a la necesidad de reestablecer el orden y la paz sociales, resultaría finalmente impotente".

A lo largo de la década de los cincuenta y hasta bien entrados los años sesenta, en Bolivia se manifestó un fenómeno político que llevaba el nombre de "voto campesino". Se trataba de la adhesión comunitaria, colectivista, de la inmensa mayoría de las masas campesinas al Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) y, después, a su sucedáneo militar, el barrientismo. En las elecciones de este tiempo, las corrientes nacionalistas lograron votaciones del 80 y 90 por ciento en las circunscripciones rurales, en parte gracias a sus medidas a favor de los campesinos (en 1953 el MNR ejecutó una radical reforma agraria), y en parte gracias a su gran presencia en los sindicatos de este sector y, por tanto, a su posibilidad de influir con órdenes y prebendas en las decisiones electorales de los afiliados. Se apoyaban para ello en la cultura anti-individualista de la población rural boliviana, que es indígena en casi su totalidad. En algunos casos también fueron organizados fraudes masivos.

Algunos de estos elementos se repitieron en el "referendo revocatorio", es decir, en el plebiscito del 10 de agosto que ganó Evo Morales con casi un 70 por ciento de la votación nacional y con entre 80 y 90 por ciento del voto rural del occidente del país. Además, Morales triunfó en la mayoría de las provincias del oriente y el sur del país, donde desde hace años se lucha por la autonomía "a la española" y donde, al mismo tiempo, el Presidente fue rechazado por las ciudades capitales.

Simultáneamente, en este referendo se manifestó de nuevo la tendencia a decidir colectivamente el comportamiento electoral, pese a que tal práctica se halla prohibida por la Constitución, la que garantiza el sufragio individual y secreto. Dada la relativa complejidad del voto (aunque supuestamente era un referendo revocatorio, había que votar "no", en lugar de "sí", para revocar a las autoridades nacionales y departamentales), fue mayúscula la importancia de los dirigentes sindicales y de los activistas, los cuales orientaron a los sufragantes de una manera muy directa y detallada, frecuentemente durante el mismo acto electoral, y por tanto de forma ilegal. Por último, se observó una clara diferenciación entre clases sociales: por ejemplo, si el Presidente ganó en las ciudades del altiplano, lo hizo en contra de los barrios más acomodados, allí donde viven las clases medias y altas.

Nos enfrentamos, pues, una vez más, al "voto campesino", aunque con un alcance que se extendió incluso hasta los cinturones de inmigrantes rurales de las ciudades. En cambio, el voto antioficialista coincidió con la ubicación de los estratos más prósperos de la población.

Esta polarización fue favorecida por el tipo de ejercicio electoral del que se trataba, puesto que el mismo sólo permitía alinearse a favor o en contra del Presidente, a favor o en contra de los prefectos, lo que obligó a la gente a agruparse en el bando que sentía más afín, antes que a votar ponderadamente, como hubiera ocurrido en unos comicios con diversos candidatos. De ahí justamente el estado de miseria política al que ha quedado condenado Jorge Quiroga, antaño el principal político de oposición, quien permitió la aprobación del referendo revocatorio por intereses subalternos (su pugna con unos prefectos muy empoderados) y con ello se hizo co-responsable de la situación actual. Quiroga se equivocó (aunque él no lo reconozca) no solamente por plantear a Morales un desafío electoral que a éste le convenía desde todo punto de vista, como ya hemos explicado, sino por hacerlo sin coordinar antes con las fuerzas regionales, y dentro de un plazo tan perentorio que fue imposible armar una campaña seria en contra del partido oficial. De modo que el sueño de cualquier político, ir a las urnas sin oponentes, le fue concedido al Presidente por su principal rival, lo que, más allá de la paradoja, explica una parte de los excelentes resultados que obtuvo Morales.

Coincidentemente con la difusión de las cifras electorales, se supo que Podemos, la sigla con la que actuaba Quiroga, fue sacada de registro por la Corte Electoral, ya que no realizó los trámites necesarios para conservar su personalidad jurídica. Quiroga sigue representando a la oposición boliviana en el extranjero, pero muchos opinan aquí que su fin se halla a la vuelta de la esquina.

Si analizamos, por otro lado, las votaciones obtenidas por los prefectos opositores de Santa Cruz, Beni, Pando y Tarija, la llamada "Media Luna" sur-oriental, veremos que en todos los casos han sido más amplias que el rechazo al Presidente. Por ejemplo, en Santa Cruz el 60 por ciento le dijo "no" a Evo Morales, pero el 70 por ciento votó a favor del prefecto opositor Rubén Costas. Es posible inferir, entonces, que dos clases de contradicciones sociales se superponen en Bolivia: la clasista (pobres contra ricos) y la regional (autonomistas versus centralistas). Como la primera es más fuerte que la segunda, el Gobierno ocupa mejores posiciones electorales y políticas. Pero puesto que la segunda posee una auténtica raigambre popular, el Gobierno no puede avanzar más allá de cierto punto en su proyecto de centralización de las decisiones y de la riqueza nacional (que tiene el objetivo final de desarrollar el país en torno al Estado). Tal es el "empate" boliviano. Y por eso dijimos hace poco que la democracia plebiscitaria, de cara a la necesidad de reestablecer el orden y la paz sociales, resultaría finalmente impotente.

No puede negarse, sin embargo, que los resultados han tenido efectos políticos importantes, que en el futuro inmediato podrían afectar a este "empate" o por lo menos la forma en que está planteado. Las regiones opositores se han lanzado a la huelga y el bloqueo de caminos para exigir que se les devuelva los impuestos petroleros que el gobierno recentralizó hace algunos meses. Pero ni eso ni los discursos incendiarios de Costas pueden esconder que el anti-evismo se halla muy golpeado, confuso, carente de ideas y de líderes. Por otra parte, aunque el oficialismo está actuando con cautela, no cabe duda de que la votación que ha obtenido lo tienta y, al mismo tiempo, lo empuja a intentar extender su hegemonía a las regiones "rebeldes" y desempatar finalmente esta batalla ya muy larga por el poder y por los recursos de Bolivia, este país tan incesantemente golpeado y preterido.

 
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