
Infolatam
La Paz, 26 de junio 2008
(Especial para Infolatam).-
"... Morales fue más lejos que el propio Hugo Chávez, que suele limitarse a la retórica, puso nerviosos a los altos cargos del Departamento de Estado y, según algunos especialistas, hizo un daño perdurable a la relación con Estados Unidos, de la que dependen ciento de millones de dólares de cooperación y miles de empleos en las maquilas orientadas al mercado norteamericano".
Un entusiasta es aquel que se "adhiere fervorosamente a una causa o empeño", el que siente que sus obras se hallan bajo inspiración divina, el que se exalta y entra en furor por lo que quiere o cree. Todos necesitamos un poco de entusiasmo para avanzar por la vida, claro. Pero desmedido, este "arrobamiento", como lo define la Academia de la Lengua, puede provocar peligrosos excesos. Los fanáticos y los dogmáticos no son otra cosa que entusiastas perdidos. Piensan que su concepción de las cosas es la única posible y entonces no se contentan con defenderla, sino que pretenden imponerla a los demás.
Hoy las relaciones internacionales sudamericanas están guiadas por el más fatal de los entusiasmos, que es el del poder cuando pretende cincelar la realidad para que se asemeje a un determinado modelo de perfección social. Por eso las iniciativas diplomáticas han abandonado el terreno pragmático en el que solían moverse, y ahora incluyen acciones como la del Gobierno de Bolivia, que se niega a suspender la norma de la Comunidad Andina (CAN) que regula la propiedad intelectual (trámite que requiere el consenso de los países miembros y que fue solicitado por Perú para poder firmar su TLC con Estados Unidos), pese a que Bolivia misma no sufriría daño con ello. Pero eso no le basta al entusiasta presidente Morales. Él quiere catequizar, además de gobernar, así que se siente obligado a decirle al Perú qué es lo que más le conviene. Y lo ha hecho al costo de poner en riesgo a su propia nación, que, a diferencia de la peruana depende del mercado andino para sobrevivir.
Perú ha considerado el gesto de Morales "inamistoso" y, si bien no piensa marcharse de la CAN, apelará a los mecanismos técnicos y jurídicos del bloque, con lo que se producirá un contencioso totalmente innecesario y que en el peor de los casos podría debilitar el apoyo del Perú a Bolivia en campos tan cruciales como los aranceles especiales para entrar a su mercado o la renegociación de las preferencias comerciales que hasta ahora ha concedido Estados Unidos a los países andinos. Pero nada de esto parece importarle al Gobierno boliviano, empeñado en dar testimonio de su oposición a los acuerdos de libre comercio. ¿Acaso no se decía en el medioevo que la salvación de un alma valía la destrucción de una ciudad? ¿Por qué entonces no sacrificar el principal mercado del país para salvar el alma antiimperialista de Evo Morales?
O, mejor, los dos principales mercados del país. La misma semana en que se produjo el "gesto inamistoso" del que hemos hablado, Estados Unidos llamó a consultas a su embajador en La Paz, la más fuerte medida que toma este país desde que, en 2006, el entusiasmo anti-norteamericano se volviera la corriente diplomática predominante en Bolivia. Estados Unidos teme que el Gobierno no proteja a sus representantes en el país, luego de una manifestación contra su embajada organizada por el oficialismo, felicitada por el Presidente y reprimida por un oficial de la Policía que, al día siguiente, fue cambiado de puesto, con recriminaciones, por el Ministro de Gobierno.
Al tomar esta decisión, Morales fue más lejos que el propio Hugo Chávez, que suele limitarse a la retórica, puso nerviosos a los altos cargos del Departamento de Estado y, según algunos especialistas, hizo un daño perdurable a la relación con Estados Unidos, de la que dependen ciento de millones de dólares de cooperación y miles de empleos en las maquilas orientadas al mercado norteamericano.
El problema está en que asuntos como mercados, empleos, ponderación del verdadero tamaño de las fuerzas propias y ajenas, todo esto pertenece al reino de lo concreto, que para los entusiastas exagerados resulta desconocido e impenetrable. A estos entusiastas lo que les importa son las ideas, las consignas, los posicionamientos, los símbolos, la pureza. No piensan en la comida y el abrigo, sino en la historia. No en la gente, sino en "el pueblo". Suelen terminar dándose de bruces contra los hechos. Pero entretanto siguen sus visiones a costa de lo que sea, con la mayor de las crueldades.
INFOLATAM Todos los derechos reservados 2005 Advertencia legal - Publicidad: Magnoliart SCom. - Programación: Taller Digital