EL ANÁLISIS DE INFOLATAM

La Cumbre del G-20 y América Latina

 

Infolatam
Madrid, 17 de noviembre de 2008


"...Para América Latina, que está empezando a verse seriamente afectada por la crisis financiera y que este año podría crecer menos del 2%, la cumbre de Washington debe considerarse un gran éxito, al menos por tres razones. 

Primero, porque parece que a partir de este encuentro el G-8, en el que América Latina no tiene representación, pasará a un segundo plano y dejará que sea el G-20, en el que participan Brasil, México y Argentina, el que tome el liderazgo de la gobernanza económica global. De hecho, América Latina es la región más sobrerrepresentada de todo el grupo: su peso en el PIB mundial es del 7% y su peso en el G-20 del 16%...."

Aunque la cumbre del G-20 celebrada en Washington el pasado 15 de noviembre ha sido razonablemente exitosa no ha dejado completamente satisfecho a nadie. El comunicado final pone de manifiesto que se han discutido los temas más importantes, controvertidos y técnicos - no la refundación del capitalismo - y que existe acuerdo sobre la necesidad de reformar las reglas de la economía mundial para relanzar el crecimiento y evitar futuras crisis.

Además, se han producido compromisos importantes para el corto plazo, como un estímulo fiscal global coordinado y la promesa de evitar nuevas barreras proteccionistas y de asegurar que haya financiación para los países en desarrollo cuando lo necesiten, algo que seguramente sucederá en los próximos meses. A medio y largo plazo, se ha acordado la creación de un grupo de trabajo que planteará propuestas tanto para mejorar la regulación financiera internacional como para reformar el FMI y el Banco Mundial.

Sin embargo, como suele ser habitual en estas cumbres, ninguno de los compromisos es vinculante y además ha quedado claro que los países no están dispuestos a ceder más soberanía a las instituciones supranacionales, por lo que tanto los estímulos de política económica como la regulación seguirán siendo fundamentalmente nacionales (o, como mucho, regionales).

Aún así, un FMI reforzado podría aumentar su capacidad de supervisión del sistema y contar con más financiación. Pero no sería un prestamista global de última instancia, sino una fuente de liquidez para los países en desarrollo cuyos Tesoros no tienen los recursos suficientes como para financiar programas de rescate como los que han puesto en marcha los países ricos.

Sin embargo, para América Latina, que está empezando a verse seriamente afectada por la crisis financiera y que este año podría crecer menos del 2%, la cumbre de Washington debe considerarse un gran éxito, al menos por tres razones.

Primero, porque parece que a partir de este encuentro el G-8, en el que América Latina no tiene representación, pasará a un segundo plano y dejará que sea el G-20, en el que participan Brasil, México y Argentina, el que tome el liderazgo de la gobernanza económica global. De hecho, América Latina es la región más sobrerrepresentada de todo el grupo: su peso en el PIB mundial es del 7% y su peso en el G-20 del 16% (Asia también está sobrerrepresentada, aunque en menor medida, y Europa y Estados Unidos están infrarrepresentados en relación a su PIB).

Segundo, porque si efectivamente esta cumbre permite dar un impulso y cerrar la Ronda de Doha de la Organización Mundial del Comercio, los países de la región serán los más beneficiados. Téngase en cuenta que la ronda está atascada fundamentalmente por el proteccionismo agrícola de los países ricos y que los países de América Latina son los grandes exportadores mundiales de productos primarios.

Tercero, porque la posible reforma del FMI y el Banco Mundial beneficiará a América Latina en varios aspectos. Por una parte, aumentará los votos de los principales emergentes de la región. Por otra, y lo que es más importante, un FMI más legítimo, inclusivo, democrático y que aplique la condicionalidad de forma distinta podría reconciliarse con América Latina tras décadas de desencuentros.

Por último, un FMI con mayores recursos permitirá a los países más vulnerables de la región acceder a préstamos si la crisis se agudiza (México y Brasil ya cuentan con una línea de swaps de divisas con la Reserva Federal de Estados Unidos que les ha permitido hacer frente a la reciente depreciación de sus monedas, pero los demás países no cuentan con este recurso).

En definitiva, America Latina puede sentirse muy satisfecha con los resultados de la cumbre. A corto plazo, el estimulo fiscal global reducirá el impacto de la desaceleración en sus economías. A medio y largo plazo ganará peso en las instituciones de gobierno económico internacional y obtendrá importantes beneficios de la liberalización del comercio mundial.

 
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