EL ANÁLISIS DE INFOLATAM

La Concertación, patrimonio nacional

 

Infolatam
Madrid, 19 de agosto de 2008


(Especial para Infolatam).-

"Las manifestaciones del ex presidente Lagos, uno de los dos o tres políticos suramericanos más notables del último cuarto de siglo, no se compadecen con la talla intelectual que tiene acreditada; sólo caben ser entendidas como puro reflejo del instinto de poder que Ricardo Lagos lleva en la masa de la sangre. Atribuir a la Concertación, la alianza de centro izquierda que lleva gobernando la República de Chile desde la salida del dictador, la dimensión de patrimonio nacional parece un tanto excesivo".

El ex presidente es quizá el único candiato posible de la izquierda con capacidades para derrotar el próximo año al de la derecha, la figura emergente en las encuestas, Sebastián Piñera. Cuando hace unos meses el partido socialista creado por el propio Lagos, el PPD, instó que la Concertación concurriese con listas dobles a los próximos comicios locales, Lagos fue una de las primeras voces en advertir que ese sería el principio del final de la exitosa aventura de la Concertación. Y quizá con razón.

Porque más allá de las limitaciones que pueda ofrecer el sistema electoral chileno, la decisión de los socialistas renovados del PPD y del minoritario partido radical de hacer sus propias candidaturas de alcaldes y de concejales al margen de los democratas cristianos, revela en el fondo la desconfianza que hoy suscita la fidelidad de la DC a la coalición. 

Los democristianos vienen siendo, en principio, la estructura política más potente del país. DC han sido los dos primeros presidentes que cubrieron la década de los 90, Aylwin y Frei, como sus dos sucesores, Lagos y Bachelet son socialistas. Las discrepancias de naturaleza valórica comenzaron a manifestarse cuando tras los primeros fervores por la recuparación de las libertades públicas, las estructuras partidarias socialistas pusieron sobre el tapete cuestiones como el divorcio o el aborto, por simplificar. U otras de carácter meramente instrumental, como las leyes electorales.

La DC, como partido tradicional, una de las tres patas que sustentaron la democracia chilena durante años, está cómoda con el sistema mayoritario que consagró el régimen anterior. Y como partido interclasista, y centrista dentro del espectro chileno, siente como la cosa más natural del mundo que sobre él recaiga la presidencia de la República, sobre todo después de dos presidencias socialistas. Y de forma muy especial hoy, cuando al fiasco generado por Bachelet entre amplias capas del electorado concertacionista, se une la sensación de crisis que periodicamente remece a los chilenos, incluso en los períodos de mayor bonanza, lo que hoy no es el caso.

La gran cuestión que no acaba de ponerse sobre el tapete, pero que ahí está, es cuánto está dispuesta a ceder la DC en favor de los dos partidos socialistas que cohabitan en la Concertación, y hasta cuándo no cederá a las presiones para sumarse a la Alianza derechista y centrarla socialmente. Porque tal vez sólo así sería posible la alternancia que buena parte del país comienza a añorar. La corrupción que se ha venido acumulando en 18 años de poder sin revisión, juega a favor de ese cambio; la rémora es el pinochetismo residual que aún perdura entre el aparataje partidario de la Alianza derechista.

Que en este panorama, el ex presidente Lagos hable de la Concertación como de un patrimonio nacional, es decir, de todos los chilenos, es poco serio. Como también parece impropio que reduzca el campo de juego político a la mitad del país, que eso representa la Concertación. Todo ello recuerda a otros "movimientos", desde el español de Franco, al PRI mexicano. Y más aún cuando a los discrepantes se les tacha de díscolos, y la democracia interna queda en manos de un único ponente.  

 
NEWSLETTER
 
REVISTA DE PRENSA
Enlaces de interésENLACES DE INTERÉS
Guía del ocioGUÍA DEL OCIO
 



 

SINDICACIÓN RSS

INFOLATAM Todos los derechos reservados 2005 Advertencia legal  - Publicidad: Magnoliart SCom.  - Programación: Taller Digital