EL ANÁLISIS DE INFOLATAM

Inflación, política y ciclo electoral

 

Infolatam
Brasil, 23 de junio 2008


(Especial para Infolatam).-

".... . El Presidente y parte de su partido aprendieron una doble lección: la inflación perjudica a los más pobres y la popularidad de Lula depende de la estabilidad económica y de la valorización del real, sin las cuales sus políticas redistributivas no serían eficaces. Desde ese ángulo,  ya sonó la alarma, dado que la inflación para los más pobres es superior al promedio, 8,5 por ciento, contra la media de 5,5 para los que ganan hasta dos salarios mínimos (820 reales).


Inflação , política e o ciclo eleitoral

Se dice que los brasileños tenemos memoria corta, pues tendemos a olvidar las experiencias negativas, incluso las más traumáticas. La aceleración de la inflación, ahora a escala global, ofrece un buen desafío para comprobar ese estereotipo, al menos en lo que concierne a los rumbos de la política económica y su relación con la política.

La  meta de la inflación prevista para este año, de 4.5%, viene siendo revisada por el Banco Central, así como por los analistas, apuntando entre un 6 y un 6,5 por ciento. Según las metas de inflación adoptadas desde 1999, este es el techo establecido como límite superior aceptable para el 2008 . Dentro de ese cuadro, ¿habría razones para la alarma?

El contexto político sólo aumenta el desafío. Por un lado, porque el ciclo electoral se inicia ahora, con las elecciones municipales de octubre de 2008, circustancias en las cuales los gobiernos federal y municipales aumentan sus gastos de consumo. Por otro lado, las elecciones municipales representan el principal test para determinar las alianzas político-partidarias para las elecciones de 2010, en que se eligen presidente, ejecutivos y legislativos provinciales y para el Congreso.

La novedad es la adopción por el gobierno federal de una estrategia sin precedentes, es decir, la de "federalizar" las elecciones municipales. Éstas, normalmente, se organizan alrededor de temas y problemas locales y obedecen a una dinámica político-partidaria también local. Bajo pretexto de presentar el Plano de Aceleración del Crecimiento (PAC), el Presidente Lula viene recorriendo el país a diario. Escudado en su alta popularidad, da un tono de comicio a sus discursos en cada municipio, con tres objetivos: mantener su visibilidad en los medios; anticipar el proceso sucesorio de 2010, lanzando globos sonda para su sucesión y desafiando la oposición; y dar protagonismo a temas federales o, por lo menos, a los vínculos entre la acción de su gobierno y la problemática local.

Ante la evidencia de que el Presidente Lula ha subido sus apuestas, cabe la pregunta: ¿cuál será el impacto de la aceleración de la inflación en los rumbos de la política económica? Primero, nuestra memoria no es tan corta. El Presidente y parte de su partido aprendieron una doble lección: la inflación perjudica a los más pobres y la popularidad de Lula depende de la estabilidad económica y de la valorización del real, sin las cuales sus políticas redistributivas no serían eficaces. Desde ese ángulo,  ya sonó la alarma, dado que la inflación para los más pobres es superior al promedio, 8,5 por ciento, contra la media de 5,5 para los que ganan hasta dos salarios mínimos (820 reales).

En cuánto a la política económica, el Presidente continuará arbitrando entre dos polos. Por un lado, el Banco Central, cuyo Presidente Henrique Meirelles junto con la mayoría de los analistas hacen sonar las alarmas. Por otro, su Ministro de Hacienda, Mantega, que minimiza el riesgo inflacionista, sancionando la política oficial, es decir, de aumento ininterrumpido de los gastos de consumo del gobierno, combinado con el aumento exponencial de la tributación (alrededor de 38% del PIB).

La estrategia efectiva probable, diferente del discurso oficial, consistirá en dar una de cal y otra de arena. Así, la tendencia a la baja del tipo de interés que se puso en marcha en 2005, fue revertida por el Banco Central, con apoyo de Lula. Sin embargo, los gastos de consumo del gobierno, hoy en 20 por ciento del PIB, no serán reducidos en la medida necesaria para revertir las expectativas inflacionistas de los mercados. Por la simple razón de que este mix responde al nuevo paradigma instituido por el gobierno desde el 2004: relegar el problema de la inflación para ser administrado exclusivamente con los instrumentos del Banco Central, básicamente, el tipo de interés. Por ello, Brasil continuará entre los países con las más altas tasas de interés del mundo (12,25 por ciento nominal y 6,65 en términos reales).

La posibilidad de una reversión del expansionismo de la política fiscal depende así de una variable política: del incentivo de la pérdida de popularidad del Presidente en los sectores más expuestos a la erosión de su bienestar por la inflación, es decir, de los más pobres.

 
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