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Washington, 14 de octubre de 2008
El Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial concluyeron en Washington su asamblea anual, dominada por la crisis financiera mundial y por el compromiso de la comunidad internacional de actuar de forma coordinada frente a ella.
La asamblea arrancó el sábado, un día después de que el pánico se adueñara de los mercados globales y sólo unas horas más tarde de que los representantes del Grupo de los Siete (G7) países más industrializados se comprometieran en Washington a una serie de medidas sin precedentes para atajar la masacre bursátil.
Y el domingo, la mayor asociación de banqueros del mundo, el Instituto de Finanzas Internacional advirtió de la urgencia del momento, al alertar de que las próximas 24 horas eran críticas. El sentido de urgencia surtió resultados inmediatos y drásticos.
En Europa, los 15 primeros ministros y presidentes de la zona euro aprobaron antesdeayer un plan que incluye garantías estatales para la deuda a corto y medio plazo de los bancos, así como inyecciones públicas de capital en las entidades. Y Estados Unidos anunció ayer que trabaja a marchas forzadas para llevar adelante su plan de rescate financiero y cuenta con los elementos básicos de su estructura.
Pese a la fiesta bursátil, el FMI recordó que queda un duro e incierto recorrido por delante. "Este fin de semana es sólo el principio de un largo esfuerzo", dijo Dominique Strauss-Kahn, director gerente del FMI, quien alertó de que los países emergentes podrían necesitar ayuda en cualquier momento, "y posiblemente una ayuda muy sustancial".
Las naciones avanzadas, por su parte, necesitan "utilizar todos los instrumentos de la política macroeconómica moderna para limitar el daño sobre la economía real". Los países que puedan, recomendó Strauss-Kahn, deberían de prepararse para abordar un paquete más amplio de estímulo fiscal.
Desde el Banco Mundial, su presidente, Robert Zoellick, invitó a modernizar la arquitectura financiera internacional para que refleje mejor la actual economía mundial, en la que países emergentes como China, India y Brasil tienen un creciente protagonismo.
El magnate George Soros es de los que piensan que la crisis mundial con epicentro en Estados Unidos supone un punto de inflexión. Soros culpó el domingo a la fe en el mercado, que comenzó hace una generación durante el mandato del presidente estadounidense Ronald Reagan (1981-1989) y la primer ministra británica Margaret Thatcher (1979-1990), de las actuales turbulencias.
En la misma línea, el ministro de Hacienda brasileño, Guido Mantega, afirmó el sábado desde Washington que la crisis financiera ha revelado "debilidades sistémicas" y errores en las políticas de los países desarrollados que durante años se pusieron como ejemplo. Mantega pronosticó que una vez que la crisis se haya superado habrá una mayor regulación y se reconocerá la importancia del sector público en la solución de crisis y el establecimiento de mecanismos de supervisión.
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