EL ANÁLISIS DE INFOLATAM

El efecto gaseoso de Bolivia en Brasil

 

Infolatam
Sao Paulo, 16 de septiembre de 2008


"...el carácter naturalmente dubitativo y contemporizador de Lula, con tendencia a procrastinar las decisiones, se verá agudizado por la diferencia de visiones entre un sector del Itamaraty y de la asesoría presidencial en política exterior, proclive a apoyar a Morales hasta donde sea necesario por afinidad ideológica, incluso asumiendo los costes económicos, y otro sector más pragmático que calcula el impacto de más cortes de gas y la dificultad de reducir en el corto y medio plazo la dependencia enérgetica brasileña de Bolivia. 

.... Si la prioridad declarada de la política exterior brasileña es el MERCOSUR, si Bolivia es estado asociado, si Brasil ostenta la presidencia pro-tempore del bloque en el segundo semestre de 2008 y si existen precedentes de invocación de la clausula democrática ¿cuál sería entonces el motivo que explicaría la inoperancia diplomática brasileña para articular una respuesta al conflicto boliviano en el seno del MERCOSUR y preferir dejarse llevar pasivamente, o siendo benévolos con renuencia, a la Cumbre de UNASUR en Santiago de Chile?".

La interrupción, el 11 de septiembre, del suministro de gas natural procedente de Bolivia con destino a Brasil, como consecuencia de la manipulación en las válvulas de suministro que abastecen el gasoducto Yacuiba – Río Grande, por opositores al presidente Evo Morales, ha hecho sonar todas las alarmas en Brasilia, y en las sedes de las Federaciones de Industriales de los Estados de São Paulo y Río de Janeiro.

La posibilidad de una guerra civil en el país vecino está cada día más cerca y sus repercusiones no sólo en Brasil, sino en toda América del Sur, preocupan sobremanera al presidente Lula, al cuerpo diplomático y a los empresarios. También le deberían preocupar al resto de la sociedad brasileña por lo que significa de retroceso democrático en la región, por la presencia de ciudadanos brasileños con prósperos negocios en el país andino, por el impacto que pueden sentir en sus bolsillos ante el aumento del precio del gas, el desabastecimiento o el racionamiento y, finalmente, ante eventuales desplazamientos masivos de ciudadanos bolivianos hacia la frontera de los estados de Acre, Rondonia, Mato Grosso y Mato Grosso do Sul.  

El último episodio de la crisis política en Bolivia, que no será el último desgraciadamente, vuelve a colocar a Brasil y al gobierno de Lula ante el dilema de ejercer su liderazgo regional – sea ofreciendo sus buenas artes diplomáticas para mediar en el conflicto, algo improbable, sea dando nuevas muestras de la “diplomacia de la generosidad” asumiendo los costes de la inestabilidad que acucia a sus vecinos bolivianos y paraguayos –.

Brasil puede ampararse también en el respeto a uno de los principios más queridos de su actuación internacional: la no intromisión en los asuntos internos de otros países. Al final de cuentas, como afirmó recientemente el Embajador Ricupero, diplomático brasileño retirado, “no está en el poder de Lula forzar a los bolivianos a escoger la paz y pretender que sepamos, mejor que ellos, lo que conviene a Bolivia”. Si Evo y la oposición quieren radicalizar el conflicto hasta la locura de una contienda civil, sería absurdo que Brasil se interpusiera y por mucho que Lula sea el “hermano mayor” de Morales, el presidente brasileño no dejará que la crisis boliviana comprometa el ciclo de crecimiento económico. Por lo menos es lo que esperan los sectores menos escorados a la izquierda del gobierno en Brasilia y los empresarios, que recuerdan el impacto negativo de la nacionalización de las instalaciones de Petrobrás, en mayo de 2006. Ya traté este tema en otro análisis para Infolatam: "Lula y Evo: ¿hermanos o primos?."

Otra cosa diferente es que, en la defensa de sus intereses, la diplomacia y el gobierno brasileño, procuren nadar y guardar la ropa, minimizando algunos de los impactos apuntados anteriormente. En este sentido, el carácter naturalmente dubitativo y contemporizador de Lula, con tendencia a procrastinar las decisiones, se verá agudizado por la diferencia de visiones entre un sector del Itamaraty y de la asesoría presidencial en política exterior, proclive a apoyar a Morales hasta donde sea necesario por afinidad ideológica, incluso asumiendo los costes económicos, y otro sector más pragmático que calcula el impacto de más cortes de gas y la dificultad de reducir en el corto y medio plazo la dependencia enérgetica brasileña de Bolivia.  

Por si fuera poco, el tímido intento de mediación del Grupo de Amigos, del que Brasil hace parte y el posterior rechazo de Evo Morales a su presencia, interpretado por algunos analistas como una muestra de que el líder cocalero no quiere hacer concesiones, no gustó nada a Lula. Lo paradójico es que cuando las circunstancias han apretado, y este parece ser un ejemplo de ello, y el gobierno de Lula, con reluctancia, parecía dispuesto a ejercer su liderazgo regional reclamando el papel que le corresponde en un conflicto que ya desborda la esfera interna, su teórico aliado y “hermano menor” le haya dicho sencillamente “no, gracias”.  Es dura la vida de líder. 

Las declaraciones de Hugo Chávez sobre una eventual intervención militar si Morales es derrocado - emulando algún episodio protagonizado por Simón Bolivar -, la airada reacción de la cúpula militar de Bolivia, y la expulsión del Embajador de los EEUU en señal de solidaridad con la idéntica medida adoptada por el presidente Evo, no han hecho sino acercar más la mecha al polvorín boliviano, lo que puede inducir a Lula y a la diplomacia brasileña a ver los toros desde la barrera canturreando la estrofa del himno nacional: “Deitado eternamente em berço esplêndido” (traducción: “Tumbado eternamente en cuna esplendida”). En este caso, el efecto gaseoso de la crisis boliviana en Brasil será similar al de los gases inmovilizantes y anestésicos. 

Por otra parte, los atentados contra el gasoducto que suministra principalmente a las industrias del Estado de Sao Paulo – que viven un momento de intensa producción – y a las centrales térmicas, han puesto en evidencia nuevamente la dependencia brasileña del gas boliviano, al mismo tiempo que han afianzado las percepciones sobre un cada día más posible quiebre institucional que amenace la maltrecha salud de la democracia en Bolivia. En los dos casos, el interés nacional de Brasil se encuentra seriamente amenazado. En lo referente al gas, Brasil importa 31 millones de metros cúbicos por día, lo que representa el 50 % de su consumo.  

Otra derivación de la crisis boliviana, es su repercusión interna en Brasil. La oposición a Lula no ha tardado en echarle a la cara que poco se ha hecho para reducir la dependencia del gas boliviano, lo que se achaca a las escasas inversiones en infraestructura y a la politización del ministerio de Minas y Energía, ahora en manos de un ex-opositor “liberal” a Lula, Edison Lobão (ex – senador por Maranhão, uno de los estados más pobres de Brasil), converso neo-lulista y protegido del senador José Sarney, que emigró de la filas del PFL al PMDB y que representa los viejos vicios de la política brasileña. 

Por lo que dice al efecto de una profundización del conflicto boliviano en términos de fracaso democrático debe recordarse que Bolivia es estado asociado del MERCOSUR, y se encuentra afectado por la misma cláusula democrática en la que se amparó el gobierno de Cardoso para intervenir en la resolución de la crisis paraguaya y preservar el orden constitucional ante la conspiración del general Oviedo, en 1996. Nuevamente, otra paradoja asalta al analista o al lector informado. Si la prioridad declarada de la política exterior brasileña es el MERCOSUR, si Bolivia es estado asociado, si Brasil ostenta la presidencia pro – tempore del bloque en el segundo semestre de 2008 y si existen precedentes de invocación de la clausula democrática ¿cuál sería entonces el motivo que explicaría la inoperancia diplomática brasileña para articular una respuesta al conflicto boliviano en el seno del MERCOSUR y preferir dejarse llevar pasivamente, o siendo benévolos con renuencia, a la Cumbre de UNASUR en Santiago de Chile, donde además Chávez asumirá un papel protagonista con soflamas anti-imperialistas que para nada convienen a Brasil? 

Finalmente, ¿Cómo deben interpretarse las declaraciones de Lula afirmando que “Brasil no tolerará una ruptura del orden constitucional, ni reconocerá un gobierno que no sea elegido democráticamente”?. ¿Cómo habrán sido interpretadas estas palabras por Evo Morales o por los gobernadores y alcaldes díscolos? ¿Qué se pensará al respecto en Washington y Caracas? ¿Tienen algo que decir España y la Unión Europea o se consuma la tendencia de excluir a actores extrarregionales de los conflictos y problemas latinoamericanos? ¿Habrá comprendido Lula, después de la expropiación de Petrobrás y del corte de suministro de gas, la necesidad de defender los intereses brasileños aunque esto signifique tener un perfil más bajo en el apoyo a Morales

Hay demasiadas incógnitas, y es prematuro realizar cualquier tipo de conclusiones. Lo que se puede afirmar es que nadie duda del apoyo de Lula al gobierno de Evo Morales, pero esto no significa que el gobernante brasileño esté dispuesto a meterse en un avispero que pueda configurar una injerencia en los asuntos internos bolivianos. Pero tampoco se puede saber hasta donde llegaría esta solidaridad si la fuerza de los hechos o el estallido de más desordenes comprometiera el suministro de gas a Brasil, justo en el momento en que este se hace tan necesario para el crecimiento brasileño. 

 
NEWSLETTER
 
REVISTA DE PRENSA
Enlaces de interésENLACES DE INTERÉS
Guía del ocioGUÍA DEL OCIO
 



 

SINDICACIÓN RSS

INFOLATAM Todos los derechos reservados 2005 Advertencia legal  - Publicidad: Magnoliart SCom.  - Programación: Taller Digital