
Infolatam
Buenos Aires, 19 de mayo 2008
(Especial para Infolatam).-
"... Previo al conflicto con el campo nunca se había planteado una disidencia pública al esquema de poder kirchnerista. Cabe destacar que la presión al gobierno ha sido interna y no externa, ya que la oposición no ha logrado encontrar un lugar en esta disputa".
El conflicto entre el gobierno y el campo, el más largo e importante en la era Kirchner, parecería estar llegando a su fin. La presidenta Cristina Fernandez de Kirchner hizo un llamado público al diálogo y las cuatro entidades que representan al agro (SRA, FA, CRA y Coninagro) decidieron levantar la medida de protesta.
Luego de más de 60 días de conflicto, el gobierno nacional se ha visto desgastado. Al descenso de la imagen positiva de la Presidenta hay que sumarle la apertura de una serie de focos de conflicto que se han desatado como consecuencia de la dinámica que adoptó la crisis con el campo. El más evidente de estos focos, es el resquebrajamiento intrapoder, que se ha manifestado en la postura crítica de algunos gobernadores peronistas y en luchas de poder dentro del elenco gobernante.
Los gobernadores provinciales peronistas han planteado sus diferencias con el gobierno nacional a partir de la presión interna que tienen de los productores agropecuarios. El caso más notorio es el del gobernador de Córdoba, Juan Schiaretti, quien fue el primero de los gobernadores en oponerse abiertamente al sistema de las retenciones móviles aplicadas a la soja, resolución que desató la ira del campo. Pero Schiaretti no fue el único peronista que se plantó públicamente, sino que lo mismo sucedió con otros gobernadores, legisladores e intendentes. Previo al conflicto con el campo nunca se había planteado una disidencia pública al esquema de poder kirchnerista.
Cabe destacar que la presión al gobierno ha sido interna y no externa, ya que la oposición no ha logrado encontrar un lugar en esta disputa. Más allá de algunas voces dispersas e inorgánicas, la oposición no ha capitalizado el desgaste del gobierno en esta crisis. La sociedad sigue sin encontrar un referente en la oposición y la misma continua débil, disgregada y sin ejes discursivos que atraigan el interés del ciudadano medio.
A las consecuencias políticas, hay que sumarle las consecuencias económicas: aquí se nota un freno en el ritmo de los negocios directamente vinculados con el campo, como ser la venta de maquinaria agrícola y la comercialización de granos y hacienda. A esto hay que sumarle que tradicionales mercados compradores de nuestros productos están analizando hacer sus compras en otros países como Brasil y EEUU. Pero el conflicto también hizo caer las exportaciones, afectó el valor del dólar, las reservas internacionales, además de subir el riesgo país (hoy triplica al de Brasil) y comienza a verificarse un cambio de expectativas en la predisposición de consumo a futuro de bienes durables y no durables.
Como podemos ver en este rápido repaso de las consecuencias de la crisis con el campo, el gobierno ha recibido el impacto desde lo social (desgaste en la opinión pública), desde lo político (planteo de los gobernadores peronistas) y desde lo económico. El gobierno parecería haber entrado a un debate con uno de los sectores más dinámicos de la economía, sin haber previsto una puerta de salida al conflicto.
Pero para el campo, los 60 días de crisis también han producido un daño importante. La opinión pública rechazó la metodología de protesta utilizada por el sector agropecuario (los cortes de ruta) y se percibió la falta de ciertos productos de consumo en las ciudades y las consecuencias económicas anteriormente señaladas impactan directamente en éste sector. El largo conflicto también generó fisuras entre las entidades del campo, ya que la SRA y Coninagro querían terminar con el paro y CRA y la FA pretendían mantenerse duras hasta el 25 de mayo inclusive, esperando una respuesta concreta del gobierno. Si bien triunfó la postura dialoguista, no todas las bases han acatado la orden de terminar con el paro, ya que tanto en Entre Ríos como en La Pampa continuarán con la huelga. Este es un punto muy importante a seguir, ya que si en la negociación que recomienza no se satisfacen las demandas del campo, los sectores combativos redoblarán la apuesta y la huelga continuará, más allá del espíritu dialoguista de los dirigentes rurales.
En alguna medida la lucha entre el gobierno y el campo ha sido una lucha por la ocupación del espacio público. El conflicto ocupó infinidad de tapas en los diarios y horas y horas tanto en la televisión como en la radio. El espacio público es un lugar sagrado para el kirchnerismo y de aquí que la discusión se haya prolongado por tanto tiempo. La lógica del gobierno siempre ha sido no conceder ante la presión y más aun si la discusión se desenvuelve en el espacio público. Más allá de que se haya abierto un canal de dialogo, la lucha por el espacio público continuará ya que el gobierno planea un acto en Salta en conmemoración del 25 de mayo y el campo hará el suyo para la misma fecha pero en el monumento de la bandera en Rosario, Santa Fe.
La sociedad no sale de su asombro ante la radicalización del conflicto y desea que se llegue a una solución en el corto plazo. A este deseo social se han sumado voces institucionales desde el sector empresario y la Iglesia reclamando lo mismo a las partes intervinientes. El dialogo ha comenzado y todo hace suponer que nos encontramos ante el principio del fin al conflicto.
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