EL ANÁLISIS DE INFOLATAM

Confusión reelectoral

 

Infolatam
Oxford,7 de octubre 2008


"... Uribe no sólo ha mantenido una posición ambivalente frente a su nueva reelección, sino que recientemente añadió aún más confusión al debate cuando sugirió una reforma alternativa: que se permitiese la nueva reelección, pero después de un período de descanso -es decir, no en el 2010, sí en el 2014-.

Tan sorpresiva declaración la hizo en respuesta a la pregunta de un estudiante en un foro universitario a mediados del mes pasado, cuando le pidió al Congreso que 'por favor, se ocupe de las reformas a la justicia, a la política y a los otros temas, y no al referendo'".

El proyecto de referendo que busca abrirle la posibilidad a una nueva relección del presidente Alvaro Uribe recibirá esta semana su primera prueba de fuego, cuando se inicia su debate en la comisión respectiva de la Cámara de Representantes. Avalado con la firma de más de 4 millones de personas -y respaldado en la extraordinaria popularidad del mandatario colombiano-, el proyecto, sin embargo, no tiene su aprobación asegurada de antemano. Por un lado, el mismo Presidente ha preferido sostener un discurso ambiguo frente a la iniciativa. Por el otro, no es claro que exista unanimidad respecto de la reelección entre los miembros de la coalición gubernamental -algunos de sus dirigentes, en efecto, aspiran a suceder a Uribe en el poder-.

Uribe no sólo ha mantenido una posición ambivalente frente a su nueva reelección, sino que recientemente añadió aún más confusión al debate cuando sugirió una reforma alternativa: que se permitiese la nueva reelección, pero después de un período de descanso -es decir, no en el 2010, sí en el 2014-. Tan sorpresiva declaración la hizo en respuesta a la pregunta de un estudiante en un foro universitario a mediados del mes pasado, cuando le pidió al Congreso que "por favor, se ocupe de las reformas a la justicia, a la política y a los otros temas, y no al referendo".

Según el Presidente, sería "muy grave" que el Congreso, al involucrarse en la discusión del referendo, fuese a abandonar "lo que es urgencia real, que es la aprobación de la agenda legislativa". En su insistencia fue también contundente: "Si el obstáculo para esas reformas es el referendo para la reelección, ese obstáculo queda removido esta noche, en este caso, por la voluntad del Presidente de la República". Y paso seguido, anunció la fórmula alternativa: "Ahora, el Congreso puede, fácilmente, reformar el artículo que se aprobó en 2006 y dejar ahí un factor de contingencia, que el Presidente pueda ser reelegido inmediatamente por una sola vez, y después, período de por medio, pueda volver a aspirar".

La declaración presidencial no sirvió para que el debate de opinión se alejara de la reelección y se concentrara en la agenda legislativa del Gobierno. Por el contrario, volvieron a proliferar los artículos de prensa especulando sobre las intenciones presidenciales. Tampoco sirvió para que el Congreso abandonara el estudio del referendo: Por ser de iniciativa popular, éste proyecto tiene un trámite especial y está sometido a un curso procedimental sobre el cual el Gobierno no tiene mayor control. "El caballo ya está ensillado y no hay quien lo pare", anotó un informe de Semana.

Sus promotores -que han gastando en él tiempo y millonarios recursos- no están dispuestos a abandonarlo. "El Gobierno no va a estimular su discusión, pero tampoco podemos impedir que [el Congreso] lo discuta", observó el Ministro del Interior, Fabio Valencia Cossio. Valencia Cossio sería uno de los dirigentes de la coalición uribista opuestos al proyecto de referendo, aunque favorecería la posibilidad de la reelección en 2014 -como lo ha expresado su partido, el Conservador. Según la revista Cambio, el Ministro del Interior siente que el referendo le entorpecería "el trámite de las reformas a la política y a la justicia que serían la columna vertebral de su gestión".

El panorama se hace más complejo cuando se tienen en cuenta las fricciones dentro de la coalición uribista, causadas en buena parte por el interrogante de la sucesión. En varias oportunidades, el Presidente Uribe ha querido motivar la discusión sobre sus posibles sucesores, al destacar la necesidad de renovar liderazgos que garanticen la continuidad de su política de seguridad democrática. Los actuales ministros de Agircultura y Defensa - Andrés Felipe Arias y Juan Manuel Santos -, y la actual Embajadora en el Reino Unido, Noemí Sanín, han sido elogiados en distintas ocasiones por el Presidente, en alusiones que han sido interpretadas como "guiños" favorables a sus respectivas candidaturas. Dentro del uribismo hay además otros aspirantes, como el exministro Carlos Holguín, la senadora Marta Lucía Ramírez y el ex-senador Germán Vargas Lleras.

El regreso reciente de este último a Colombia, después de una prolongada estadía en Madrid, avivó el debate dentro de la coalición gubernamental. Director de uno de los principales partidos de la coalición -Cambio Radical-, Vargas Lleras estaría promoviendo un acuerdo entre las distintas fuerzas uribistas para lograr una consulta popular que defina el tema de las candidaturas. Pero le reclama al Presidente que "fije su posición". Y ha dejado abierta la posibilidad de jugar por fuera del uribismo: "Si la coalición de Gobierno considera que estorbamos en el proceso político" -le dijo a María Usabel Rueda en entrevista para El Tiempo-, "tendríamos que tomar una opción distinta. No descarto entonces participar en otro tipo de consultas, incluyendo la liberal". Es precisamente la eventualidad de una falta de unanimidad en la coalición alrededor de su sucesor -el temor de una fragmentación de sus fuerzas-, lo que motivaría a Uribe el buscar su propia reelección una vez más en el 2010.

Es posible que al darse el primer debate del proyecto de referendo ante la comisión de la Cámara esta semana se aclare algo el panorama. Pero mientras el Presidente Uribe mantenga su discurso ambivalente sobre la reelección, la atención de la opinión pública y de los congresistas estará más en el tema de su sucesión que en el de la agenda legislativa. Uribe quizás cree que tal ambivalencia fortalece sus márgenes de poder, pero el costo para la institucionalidad y la gobernabilidad del país será muy alto.

 

 
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